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Una catalana en la Polinesia

Al año siguiente, el matrimonio viajó a Tahití, donde su marido tenía que construir una central eléctrica. Prudenci Bertrana, al fin dio su brazo a torcer, y propuso a su hija escribir un libro a cuatro manos. En 1923 fue a Suiza a perfeccionar sus estudios. Bertrana fue también atípica en la literatura catalana, gracias a su deseo de aventura y a su empeño en llevar una vida independiente por encima de los prejuicios de la época

Paradisos oceànics fue recibido con cierto desdén por parte de la crítica. En 1949 pudo regresar a Catalunya. Tenía 33 años cuando el 30 de mayo de 1925 nos casamos”. Aurora Bertrana fue una escritora que rompió clichés

Aurora Bertrana llegó a ser una buena violoncelista que tocaba con un terceto de mujeres en una café de la Rambla. Sólo quedaban mujeres, niños y un único anciano achacoso. En Ginebra y Lausana colaboraba en diversas publicaciones. “No tengo casa ni dinero y vivo de la caridad de mis amigos exiliados como yo, pero siento mucha vergüenza y prefiero la soledad de mi pequeña habitación. Bertrana, aunque es consciente de que es su primer escrito, les responde con la misma ironía: “Les molestaba un poco –muy poco, naturalmente, porque ellos ya sabían que una mujer poca competencia puede hacer a los hombres en ningún dominio científico, artístico o literario– que, de repente, yo subiera de un salto a la plataforma del tranvía del renombre, donde ellos ya iban tan estrechos haciendo Dios sabe qué y cuántos equilibrios para no perder el lugar adquirido a fuerza de codazos”. ¡Una mujer que, sin pedirles consejo, osaba escribir y publicar un libro entusiasta que cantaba a la naturaleza exótica y los hombres primitivos!” La acusaron de ser una discípula de Rousseau “con una irónica piedad hacia aquellas teorías de retorno a la naturaleza”. Escribió Paradisos oceànics. Su padre era Prudenci Bertrana, de quien este año se cumple el 150.º aniversario de su nacimiento en Tordera, y cuya obra está siendo recuperada por Oriol Ponsatí en la editorial Ela Geminada. No tengo muchos recursos y me veo con la necesidad de cantar en una orquesta de tangos y boleros para poder comer”, escribió en su ­diario. Aurora Bertrana siguió escribiendo otros libros y también artículos para D’Ací i d’Allà, dirigida entonces por Carles Soldevila, quien le decía: “Escribe usted como ángel un poco endemoniado, pero vaya con cuidado con lo que escribe. O como dijo la autora: “Lo primero que hay que hacer con la vida es vivirla, y luego, si acaso, escribirla con conocimiento de causa…”
A los ocho años –cuenta la escritora en Memòries fins al 1935– quiso ver el mar, sólo que el mar estaba a 40 quilómetros, no se lo dijo a nadie y ella iba a pie. En una de sus actuaciones en la radio, conoció al ingeniero suizo Denis Choffta. Cuando acabé la escuela quería ser escritora, pero mi padre que sabía muy bien lo que era escribir y pasar privaciones ( ballar-la magra), dijo que no quería que su sargantaneta se dedicara a este oficio y encaminé mis pasos hacia la música”. De su experiencia de la Guerra Mundial extrajo material para escribir Camins de somni, Tres presoners y Entre dos silencis. “Pero eso no me desanimó ni disminuyó mi afán de vivir aventuras y conocer lugares nuevos e ir a la mía. “Siempre me he considerado una mujer fuerte e independiente, pero en los años veinte no era fácil ser una mujer sola. Ventura Gassol, gran amigo de la escritora, la animó a hacerlo, aunque el resto de las amistades intentaron hacerle ver los peligros que corría “una mujer sola”. Murió en 1974 y su obra quedó olvidada. “Nadie reía ni hablaba en voz alta”, escribió. Su marido se pasó al bando franquista y ella se exilió a Suiza. En Marruecos visitó cárceles, harenes y se las ingenió para entrar en un burdel, mientras su marido, que no entendió el conflicto catalán, hablaba de “la locura catalana”. No olvide que nuestra revista la compran muchos curas”. En Ginebra y Lausana colaboraba en diversas publicaciones

Su marido se pasó al bando franquista y ella se exilió a Suiza. En 1970 fue llevada al cine su novela Vent de prop, con el título La larga agonía de los peces fuera del agua, interpretada por Joan Manuel Serrat y Emma Cohen. El libro era inencontrable y ahora lo rescata la editorial Rata, como título señero de la rentrée literaria en catalán, añadiendo ocho relatos más y textos de Mar Abad, Neus Real, Oriol Ponsatí, Jenn Díaz, Josep Maria Fonalleras y la propia editora, Iolanda Batallé. La experiencia de tres años en Polinesia sirvió para que Aurora Bertrana cumpliera su sueño de ser escritora. En 1935, durante el Bienio Negro, con parte de sus amigos encarcelados, Aurora   Bertrana quiso ir a Marruecos para investigar la situación de la mujer en el protectorado español y el hombre musulmán, tan parecido en muchos aspectos –decía– al hombre de su tierra. La edición, con fotos de su marido, se agotó a los pocos días y ella misma hizo la versión castellana con Emili Oliver, periodista de La Vanguardia. Formó parte en los años veinte de una de las primeras bandas de jazz integrada por mujeres en Europa, fundó el Lyceum Club Barcelona, del cual sería la primera presidenta; participó en el Club Femení i d’Esports de Barcelona; en 1933 fue candidata por ERC al Congreso de Diputados en las primeras elecciones en que podían votar las mujeres… Aurora Bertrana (1892-1974), de quien se celebra el 125.º aniversario de su nacimiento, fue también atípica en la literatura catalana, gracias a su deseo de aventura y a su empeño en llevar una vida independiente por encima de los prejuicios de la época, “una aventura propia”, como ha dicho Maria Bohigas. “Los falsos sabios de entonces –porque cada época tiene sus falsos sabios y en aquella época no faltaban– sonreían con desdén y publicaban discretas ironías, saludando la aparición, en las letras catalanas, de Aurora Bertrana. No llegó a la playa, y cuando regresó, se encontró con el castigo de sus padres. En Suiza colaboró con la Cruz Roja Internacional y en 1945, finalizada la Segunda Guerra Mundial, fue a Étobon, un pueblecito de la Alta Saona, con una alta actividad de la resistencia francesa y donde los alemanes fusilaron a todos los hombres.