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¿Qué es la co-parentalidad?

Tal como está planteada, la co-parentalidad evitaría esos males y garantizaría al hijo la relación estable con unos padres afectiva y vitalmente presentes, que –supuestamente- nunca se separarían ni harían dejación de sus funciones. Hay quienes defienden la co-parentalidad afirmando que una relación basada en el amor es –al contrario de lo que afirma el relato de la tradición- la fórmula más inestable y frágil con la que organizar y realizar la llegada de un niño al mundo. Los motivos que llevan a alguien a elegir esta opción son, supongo, múltiples y, por supuesto, todos legítimos. ¿Y los niños? En algunos casos, se trata de personas que ofrecen o piden donaciones de esperma, que darán lugar, de manera altruista, a procesos de inseminación. Los co-padres desean tener un hijo según modalidades alternativas a la de la familia tradicional

Ésta podrá darse, también, según diversas modalidades: material genético procedente de uno o de ambos co-padres, o de donantes de esperma y/o óvulo, y gestación subrogada o realizada –tratándose de una mujer y que así lo desee- por uno de los co-padres. Exisetn webs especializadas en poner en contacto a personas que quieran realizar esta modalidad de paternidad

De la misma manera que existen webs que ponen en contacto a adultos que desean tener encuentros sexuales en los que está del todo excluida la finalidad de producir un embarazo, las webs que promueven la co-parentalidad responden –así lo entiendo- al deseo particular de aquellas personas que desean tener un hijo y, a la vez, alguien con quien compartir –siguiendo, aunque modificándolo, el modelo de la pareja estable- todo lo que ello comporta. Desde hace un tiempo existen en internet diversas webs que ofrecen la posibilidad de convertirse en lo que se ha dado en llamar co-padres. Pero querría, si me lo permiten, ponerles sobre aviso de algo que, muy probablemente, ya saben o intuyen. Tan bien –tomados en su conjunto- como los niños nacidos y criados en otros entornos y según otras fórmulas. La iniciativa canaliza el anhelo de hombres y mujeres que desean intensamente ser padres y/o tener un hijo

Debo decir que, como iniciativa, la co-parentalidad me causa simpatía, quizás porque entiendo que da lugar y canaliza –de una manera que hace unos años hubiera sido inplanteable- el anhelo de hombres y mujeres que desean intensamente ser padres y/o tener un hijo –no es exactamente el mismo deseo- y que se saben capaces de cuidarlo, quererlo y ocuparse de él, de manera feliz y responsable; y que desean hacerlo –por motivos que solo incumben a cada cual- por fuera del modelo que se basa en una relación estable que implique amor y convivencia. Las webs suelen plantear como más frecuentes los problemas de infertilidad, o el no haber encontrado el partenaire adecuado con el que llevar a cabo ese proyecto, pero también está presente en otros casos el rechazo activo del ideal asociado a la familia tradicional. Pero la co-parentalidad no va a ser a ser tampoco una fórmula que realice un ideal sin fisuras. ¿Quién les negará al menos una parte de razón? Esto, respecto a los adultos concernidos. Quienes defienden la co-parentalidad afirman que una relación basada en el amor es la fórmula más inestable y frágil con la que organizar y realizar la llegada de un niño al mundo

Uno de los argumentos que se esgrimen en este último caso me llama especialmente la atención. Se proponen como un lugar de encuentro para personas que desean tener un hijo según modalidades alternativas a la de la familia tradicional, y según un amplio abanico de posibilidades. Estos se comprometen a ejercer las funciones parentales y a asumir las responsabilidades que comportan la educación y el cuidado de ese hijo que será, a todos los efectos, propio y común, como lo es cualquier hijo nacido de otro tipo de unión. El amor y el deseo son, a veces, sólidos y duraderos, pero también son, a menudo, lábiles, contingentes, cambiantes…
Y quienes se amaron y han dejado de hacerlo quedan, con frecuencia, tocados por el despecho, los reproches y las reclamaciones de todo tipo –una mujer, recostada en el diván de su psicoanalista, decía: “El problema es que yo no me divorcié: ¡él y su nueva pareja me divorciaron!”- y esa situación es la menos adecuada para compartir de manera razonable lo referente al presente y el futuro de un hijo. Estoy seguro de que esta iniciativa ya ha permitido y permitirá que haya personas que encuentren con quien realizar ese deseo y llevar adelante ese proyecto según el modelo de la co-parentalidad. Porque lo único determinante para la salud psíquica y el bienestar subjetivo de un niño es el amor de los adultos que se ocupan de ellos; y algo que el psicoanalista francés Jacques Lacan definió como la presencia de “un deseo que no sea anónimo”: es decir, el interés, el cuidado, la implicación personalizada, intransferible, que reconoce y alienta la singularidad que hace único a un sujeto. Ítem más: en no pocos casos, los hijos pasan a formar parte del campo de batalla en el que sigue, a veces durante años, la disputa entre los padres. Y eso, como el amor, puede darse y se da más allá de las formas, históricamente cambiantes, que organizan la vida de las personas. Evitará algunos de esos malestares y síntomas a que ha dado y da lugar la familia tradicional pero, sin duda, producirá otros: imprevisibles, diversos, nuevos. Bien, gracias. Lo novedoso, y quizás llamativo, es que los promotores de la co-parentalidad parten del supuesto de que ambos co-padres –es, mayoritariamente, un proyecto a dos- no mantienen entre ellos ningún otro vínculo ni relación –afectiva, sexual, de convivencia- que la que se deriva de la co-parentalidad. En otros casos, se trata de establecer una co-parentalidad, concepto que implica el compromiso de dos o más personas -eventualmente, y en los casos más frecuentes, un hombre y una mujer, pero pudiendo darse cualesquiera otras opciones- para dar lugar a la concepción de un hijo. La co-parentalidad no va a ser a ser tampoco una fórmula que realice un ideal sin fisuras

La familia tradicional es un modelo que, en teoría, da estabilidad y seguridad a sus miembros, pero que, sin duda, produce toda una serie de malestares y síntomas, además de no dar cabida a deseos diferentes.