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Monjas del siglo XXI

Montserrat Salvador

Su historia nunca fue fácil. Su vida y su relación con el mundo ha evolucionado durante los últimos años, aunque siguen cumpliendo religiosamente todas las obligaciones del claustro. Sufrieron una exclaustración en 1835 pero volvieron a su casa en 1846. Pasaron a estar dentro de las murallas en unas casas cercanas al hospital de la Santa Creu. Antiguo convento de la Mare de Déu de Montsió antes de su traslado, entre las calles Queralt, Salavert y la plaza Santa Anna. Su actitud ya viene de lejos. “La nuestra es otra vida, pero también estamos en el mundo”, resume Salvador para explicar que su recogimiento no les impide disfrutar de las ventajas del siglo XXI. El convento se transformó en cuartel militar y acabó destrozado. “Algunas nos criticaron cuando pusimos el ascensor, pero era absurdo, simplemente lo necesitábamos ”, recuerda. Pensaban que allí se quedarían pero llegó la Guerra Civil. Utilizan el teléfono móvil, ven la televisión, consultan internet y los domingos muestran el convento a través de unas visitas guiadas organizadas por el Ayuntamiento. “Ahora son otros tiempos”, matiza. “Hace 30 años no podríais estar aquí bajo ningún concepto”, recuerda la madre superiora, Montserrat Salvador. Entonces decidieron dar otro paso, esta vez para salir de la capital catalana, buscando más calma. Así pues, decidieron hacer otro cambio, llegando a Rambla Catalunya y trasladando el claustro gótico, piedra a piedra, hasta ese punto, en una reconstrucción a cargo del arquitecto Joan Martorell. La finca modernista de la vivienda del monestir de Montsió. Una de ellas es una apasionada del Barça y no se pierde los partidos, que acostumbra a seguir a través del transistor. Este movimiento supuso el cambio de nombre del convento al actual. “Durante el traslado no se perdió nada”, recuerda la madre superiora mientras observa el bello claustro gótico, cuyas piedras, de Girona en el caso de las columnas, siguen numeradas una a una. Aunque la iglesia continuó en el Eixample, otra vez, piedra a piedra, el claustro cambió de lugar, llegando a Esplugues de Llobregat en 1950, donde se compró una torre modernista en el mas de Can Casanovas que había sido reformada a principios del siglo XX por el arquitecto modernista Antoni María Gallissà y ahora sirve como espacio de trabajo con despachos. La primera vez fue en 1371, después de reiterados robos y del ataque de Pedro I de Castilla, apodado El Cruel. Parecía que ese era su sitio pero desde entonces las circunstancias les han llevado a trasladarse una y otra vez a pesar de su voluntad. “Las dominicas siempre hemos sido algo más abiertas”, argumenta Montserrat Salvador. “Si tenéis alguna duda, escribidme un correo electrónico”, se despide de los periodistas. Más adelante, en 1423, aterrizaron en el antiguo emplazamiento de los frailes del saco, en el convento agustiniano de Santa Eulàlia del Camp, un claustro gótico entre el Portal de l’Àngel y la calle Montsió. A pesar de que las cinco monjas que viven allí son de clausura y ya tienen una edad avanzada, reciben a los periodistas con las puertas abiertas, con total amabilidad. En 1354, la comunidad se alojó cerca del Palau Menor y, en 1357, pasaron definitivamente en el convento de Sant Pere Martir, situado en el Mas de Bissanya, cerca de Drassanes, fuera de las murallas. “En Esplugues estamos muy bien”, comenta Salvador. (Ana Jiménez) El convento se fundó con el apoyo de María de Aragón y las primeras monjas, procedentes de Prulla (Llenguadoc) se instalaron en 1351 en una casa cerca del portal de Jonqueres de Barcelona. (ARXIU HISTORIC DE LA CIUTAT)

La revolución de 1868, en la que el Gobierno se incautó del edificio, dejó el convento en ruinas. Después diversos traslados forzosos, el convento de Santa María de Montsió parece haber encontrado la calma en Esplugues de Llobregat.

Madre superiora
Algunas nos criticaron cuando pusimos el ascensor, pero era absurdo, simplemente lo necesitábamos