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La exposición a la luz del sol ayuda a acostarse antes

El estudio concluye que, tanto en verano como en invierno, estar expuesto a la luz natural ayuda a acostarse más temprano
Tras un fin de semana de camping, el reloj interno de los participantes indicaba que era hora de acostarse una hora y media antes de lo habitual

Una semana de acampada en invierno suposo avanzar ese reloj dos horas y media

Al analizar qué había pasado, los investigadores concluyeron que quienes estuvieron en las Montañas Rocosas se acostaron y despertaron a horas similares que entre semana, pero en cambio la luz natural resituó su ritmo circadiano. Para el investigador, los resultados del estudio no solo ofrecen una opción para quienes tengan problemas para dormirse temprano, sino que dan pistas para el diseño de edificios donde llegue más la luz del sol o sistemas de iluminación sintonizables que cambien a lo largo de la jornada para parecerse más a las condiciones naturales. Wright recuerda que acostarse tarde y tener atrasado el reloj interno está asociado con “consecuencias para la salud como somnolencia y accidentes por la mañana, menor productividad en el trabajo y rendimiento en la escuela, abuso de sustancias, trastornos del comportamiento, diabetes y obesidad”. Nueve de los participantes se fueron de camping un fin de semana de julio a las Montañas Rocosas de Colorado y únicamente se les permitió llevar linternas como fuente de luz artificial. Fin de semana de acampada

Para analizar los efectos que un solo fin de semana puede tener en los hábitos y la biología del sueño, los autores contaron con catorce personas que de media tenían unos 28 años. Las otras cinco personas pasaron esos días libres en su ambiente habitual, sin restricciones. Los niveles de melatonina de ambos grupos se midieron antes y después del fin de semana.

Es lo que explican los autores de un estudio que esta semana publica la revista Current Biology y que envió a sus participantes de camping. La solución puede ser un fin de semana al aire libre bajo la luz natural, que probablemente favorecerá que empecemos el lunes más descansados. Pero la luz eléctrica a la que habitualmente estamos sometidos retrasa las agujas de ese reloj, lo cual no ayuda a acostarse temprano aunque se tenga que madrugar. Aunque la hora de acostarse la decide cada uno, nuestro reloj interno favorece que conciliemos el sueño. El objetivo, comprobar cómo ese cambio de ambiente afectaba a sus horarios de sueño y a sus niveles de melatonina, una hormona que empieza a aumentar cuando el reloj interno dice que es hora de acostarse y que disminuye al despertar.

En cuanto a su exposición a la luz, se calculó trece veces mayor el fin de semana que entre semana. Por lo tanto, la luz natural resituó sus relojes internos y acabaron durmiendo mucho más, lo que, sugieren los autores, puede estar relacionado con un menor número de horas de Sol durante el invierno. Y, después de haber constatado que un fin de semana es suficiente para resituar el reloj interno, ahora el equipo liderado por Wright planea estudiar cuál es la exposición mínima necesaria a la luz natural para conseguirlo. Vistos los resultados, lo que según los investigadores queda claro es que pasar tiempo al aire libre, ya sea en verano o en invierno, parece ser una buena solución para conseguir irse a la cama más temprano y madrugar en mejores condiciones.
En cambio, quienes pasaron el fin de semana en su ambiente habitual, se durmieron y despertaron alrededor de una hora más tarde que entre semana. Así, tras regresar del camping, sus niveles de melatonina aumentaban (es decir, indicaban que, según el reloj interno, era la hora de acostarse) casi una hora y media antes de lo que lo hacían previamente a la acampada. Tras el sábado y el domingo, su subida de melatonina se producía alrededor de una hora después de lo que lo hacía antes de esos días libres. De hecho, sus niveles de exposición a la luz fueron cuatro veces superiores que entre semana. Los autores sugieren que esto es consecuencia de la combinación entre dormirse más tarde, estar expuestos a la luz artificial durante la noche y tener menos opción de estar a la luz natural por dormir hasta más entrada la mañana. En este caso, no obstante, los participantes no pudieron llevar consigo ningún tipo de luz eléctrica ni de dispositivo electrónico. El resultado fue que tanto el aumento de los niveles de melatonina como la hora de acostarse se avanzaron alrededor de dos horas y media, mientras que los participantes se continuaron despertando a la hora habitual. La luz natural influyó, pues, en su reloj interno aunque sus horarios de sueño prácticamente no cambiaran. Una semana, mayores efectos aunque sea invierno

Por otro lado, los investigadores se preguntaron qué efecto tiene el sol de invierno en el ritmo circadiano humano. Para averiguarlo mandaron, durante una semana de mediados de diciembre, a un grupo de cinco de personas de una media de 30 años a las Montañas Rocosas, e igualmente midieron sus niveles de melatonina antes y después de la acampada.

Los investigadores se preguntaron si un fin de semana al aire libre es suficiente para resituar el reloj interno atrasado por los hábitos de la vida moderna
Y esto es lo que demostraron: “Vivir en nuestros entornos modernos contribuye a retrasar el ritmo circadiano independientemente de la estación del año y un fin de semana de camping puede resituar nuestro reloj rápidamente”, asegura Kenneth Wright, autor principal del estudio, desde la Universidad de Colorado en Boulder. En este caso, quisieron ir más allá. Por un lado, se preguntaron qué pasa si la semana de camping tiene lugar al empezar el invierno, en el momento del año con menos horas de luz natural. Por el otro, quisieron saber si, en la ajetreada vida moderna de muchas personas, un fin de semana al aire libre es suficiente para resituar el reloj y la melatonina. Los investigadores, de la Universidad de Colorado (EE.UU.) y del Instituto Karolinska y la Universidad de Estocolmo (Suecia), ya demostraron en un trabajo anterior que una semana de acampada sin linternas ni móviles durante el verano era una manera eficaz de resituar las agujas del reloj interno.