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Hasta siempre, Bolt

Hoy ya no cuela. Así de contundente era, hasta ahora, el dominio jamaicano en la velocidad

El verso invita a la introspección. Había sido bronce hace una semana, en unos discretos 9s95. Nunca, en cuatro apariciones. Y a regañadientes, incluso vetando a sus rivales, como a Andre de Grasse, en Mónaco. Pero volvamos al presente. Y también de Usain Bolt. Mo Farah no volverá a pisar un tartán: le quedan los maratones, la ruta. A veces,

en baños sucios,
él ve tres caras
observándole:
la suya,
la de un hombre de pelo gris
de maduro comportamiento
y la del joven mocoso
que ganó el primer premio
Arvind Krishna Mehrotra,

Approaching Fifty

El curioso que se desplaza hacia el Estadio Olímpico puede leer el poema de Mehrotra. ¿Y qué? Cuelga del vagón, en el metro de Londres. Hay un último detalle: aquí, Bolt ha obviado los 200 m, en realidad su distancia natural. Se insiste en que Bolt apenas ha preparado estos Mundiales, los de su homenaje: de hecho, antes de aparecer en Londres, solo había competido en tres foros. Y una personalidad magnética”

Lo dice el devenir de sus marcas: desde el pico de Berlín 2009 –9s58 en 100 m; 19s19 en 200; vamos a ver cuánto duran esas plusmarcas–, cada uno de sus triunfos ha sido inferior al precedente. –Estoy cansado –comentaba a quien le visitaba en Kingston. Así de contundente era, hasta ahora, el dominio jamaicano en la velocidad. Genzebe Dibaba se ha diluido. Eso lo dice Michael Johnson, el último en lograr el doblete 200-400 mundial, hace ya mucho, 22 años: un tipo que nunca se distinguió por la humildad. Y nada le hará volver. Hasta ayer, la respuesta era válida. El cincuentañero en el verso de Mehrotra. Su decadencia es incuestionable. No importa. Christian Coleman aún se halla en proceso de maduración. Michael Johnson está hablando de sí mismo. Nunca, en ocho años, había perdido Bolt en esta distancia. Lo hizo cojo. Y los mitos del pasado se vienen arriba. En realidad, será mejor así. Se habla de la presión de los patrocinadores. Algún día, al mirarse en el espejo, Bolt identificará al joven mocoso que ganó el primer premio. “Para trascender, no basta con batir el récord del mundo y ganar un oro. Cinco hombres le hubieran superado en Tokio, en 1991: Lewis, Burrell, Mitchell, Christie y Fredericks… Nunca, en cuatro apariciones. En Londres, ni siquiera ha podido ganar el 100. Los compañeos de Bolt en el relevo le consuelan tras la carrera
(Getty)

No sabemos muy bien qué nos va a deparar Wayde van Niekerk. Anoche, Usain Bolt (30) salió de la habitación, cerró la puerta y apagó la luz. No genera hipnosis Lavillenie. Hace falta algo distinto. Eso mismo piensa Javier Sotomayor, cuyo récord de la altura aún luce ahí arriba: 24 años tienen sus 2,45 m. Si le preguntan por aquella época suya, cuando a su alrededor brillaban Carl Lewis, Steve Cram, Jackie Joyner, Heike Dreschler o Mike Powell, entonces Sotomayor responde:
–¡Pero ahora está Bolt! Acababa de romperse los isquiotibiales cuando trataba de recuperar dos posiciones, en la última recta del relevo corto (ganaron los británicos, sorprendiendo al cuarteto estadounidense, con el ogro Gatlin y el joven Coleman entre ellos, que fue de plata). Se intuyen tiempos oscuros en el ámbito del atletismo, apuntan algunos, ahora que las marcas desfallecen, los nombres se desfiguran y las nuevas estrellas titilan bajo luces que van y vienen. Con ese registro, se hubiera caído del podio en el 2015, en el 2013 e incluso en el 2009. Y una personalidad magnética. Hace falta algo distinto. Hay voces interpretando que su adiós ha llegado tarde. Nunca, en ocho años, había perdido Bolt en esta distancia. Bolt se fue anoche. –Para trascender, no basta con batir el récord del mundo y ganar un oro.