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“Gobierno y CEOE han reeditado su alianza de facto, con el único pero de la política fiscal”

Hasta que llegaron las elecciones del 2014 en la CEOE, en las que Rosell volvió a ganar, aunque en este caso por un margen muy estrecho frente a Antonio Garamendi, el presidente de Cepyme, patronal integrada en la primera. Así lo proclamaban algunos de sus principales promotores, ciertamente no todos, y así fue interpretado en los despachos madrileños de Diego de León, donde la CEOE asienta sus reales. Primero, las gremiales. Por ejemplo, apoyando la subida del 8% del salario mínimo aprobada por el Gobierno. A la CEOE, en teoría, se le acotaba el terreno para que bregase con los sindicatos negociando desde los acuerdos marco generales a los convenios colectivos en sus diferentes niveles. Esta última, con las cuotas de sus asociadas territoriales, financia a Cepyme con 1,3 millones de euros al año. En cambio, el CEC, algunos de cuyos miembros habían pedido a Rajoy que se acogiera al rescate, algo que no hizo Rosell, comenzó a coquetear con Ciudadanos, por decir lo menos, pues según el Gobierno es sólo gracias al apoyo de ese ya extinto lobby que se explica el tirón de la formación de Albert Rivera. Pese a su pasado de más de una década como director del Instituto de Estudios Económicos, el think tank de la CEOE, Cristóbal Montoro, ostenta el título de gran socialdemócrata español a ojos del interesado mundo empresarial. La pugna interna y, sobre todo, un estado económico de emergencia que debilitó tanto a las organizaciones empresariales como a las sindicales, marcaron esos años. El vasco se ha asignado un sueldo anual de 120.000 euros en Cepyme, prebenda de la que no disfruta ninguno de sus compañeros, incluidos Rosell o Gay. Igual, desmoralizado, el antiguo rival de Rosell, Garamendi, ya no cuida las formas. Rosell optó por no moverse y mantener la interlocución habitual con el Gobierno, no en balde éste la había traído la reforma laboral, su principal pieza de la legislatura. Modelo más exitoso mientras gobernó José Luis Rodríguez Zapatero, enfriado con el Gobierno de Mariano Rajoy, poco amigo de asociar su imagen a un puñado de grandes empresas. El CEC aspiraba a asumir la representación internacional de la economía española en los momentos más delicados de la crisis, especialmente la de la deuda soberana, e intentaba establecer una interlocución directa y discreta con el poder político español. El Gobierno del PP pareció no tomar partido, aunque poco después, en junio del 2012, se descolgó con la creación de la Marca España, un poco exitoso experimento que no llegó a gustar a ninguno de los dos grupos empresariales. La placidez madrileña obedece a que algunas de las preocupaciones principales de la CEOE se han ido despejando en los últimos meses. Era un secreto a voces que la creación en febrero del 2011 del Consejo Empresarial para la Competitividad (CEC), un selecto grupo de responsables de grandes empresas y bancos presididos por César Alierta, el hombre fuerte de Telefónica, y al que la opinión pública acabó bautizando como “el lobby del Ibex 35”, contenía en buena parte una enmienda a la actuación de la principal patronal española, la CEOE. Investido otra vez Rajoy, Gobierno y CEOE han reeditado su alianza de facto, con el único pero de la política fiscal del ministro de Hacienda. Y llegamos a la política, la segunda preocupación. O al lograr la aprobación de la junta de CEOE a una subida salarial de hasta el 2,5% , intentando evitar conflictos con los sindicatos. A lo largo del 2015 las encuestas de voto empezaron a arrojar previsiones preocupantes para los dos partidos hegemónicos, PP y PSOE, con la irrupción de Podemos y, en mucha menor medida, Ciudadanos. Todo apuntaba a un mandato con poca energía. El presidente Mariano Rajoy con el presidente de la CEOE, Juan Rosell
(Dani Duch)

La CEOE se encontraba en estado de shock tras la caída de su anterior presidente, Gerardo Díaz Ferrán, que tuvo que dimitir al estallar la crisis del Grupo Marsans, un fraude por el que cumple actualmente pena de prisión. Mientras en Catalunya el empresariado vive con inquietud la evolución de la situación, sin sus tradicionales referentes políticos y perdida la anterior influencia directa que estos ejercían en la capital del Estado, sus compañeros españoles están mucho más tranquilos. Y, curiosamente, con algunos catalanes ocupando lugares destacados, en primer lugar el presidente de la CEOE, Juan Rosell. Y, pese a las apuestas, en su segundo mandato Rosell ha optado por tomar iniciativas imprevistas. En la práctica se estaba fomentando una división del trabajo empresarial. Vino después un proceso de depuración interna y renovación del equipo ejecutivo, vinculado a la época de José María Cuevas y su sucesor, Díaz Ferrán. Irritado, este último envió una carta a Rosell, y a otros dirigentes, criticando la iniciativa y anunciando que retirará buena parte de la representación de Foment en CEOE para pagar menos cuota. También, colocando, con el apoyo de su vicepresidente Joaquim Gay de Montellà, presidente a su vez de Foment, al exdiputado de Unió Josep Sánchez Llibre como lobbista parlamentario, terreno en el que el exdiputado catalán acumula larga experiencia. El CEC se creó apenas recién llegado Rosell a la presidencia de la CEOE, en diciembre del 2010, tras imponerse con holgura al andaluz Santiago Herrero en las primeras elecciones en la patronal.