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Ganar por sistema

El mejor Barcelona de la historia es la unión de muchas cosas. Nadie ha jugado de forma sostenida con un 3-4-3 como se ha hecho con el 4-3-3 o el 4-4-2. El Barça de las Cinco Copas tenía a Daucick en el banquillo, Samitier en la dirección técnica y en el campo un grupo de futbolistas brutales liderados por Kubala. En la época del ­ dream team se había jugado con tres atrás, pero eran más bien dos laterales rápidos y un central. Luis Enrique lo ha hecho bien, ya que después de la derrota de París ha logrado levantar al equipo con un cambio de sistema. El sistema base del FC Barcelona es el 4-3-3. Todo conformó el triunfo. Ahora se ha puesto en cuestión si el 3-4-3 que últimamente ha diseñado Luis Enrique es el mejor sistema o no. Esa es una de las principales características de Luis Enrique, que empezó sumando la herramienta del contragolpe a un equipo acostumbrado a posesiones muy largas y que ha alineado, por primera vez seguida en el Barça, a tres centrales como únicos defensas. Eso sólo sucede cuando alguna corte, no precisamente celestial, eleva a uno o a otros por encima. Se aplica en función de un objetivo concreto o en algún momento del partido. En fútbol no tiene sentido separar si el triunfo es de los futbolistas o del entrenador. El triunfo en fútbol es una pura cuestión colectiva. Los mejores entrenadores del mundo saben que están siempre en manos, mejor dicho en pies, de los futbolistas. Como pasó hace poco y está pasando ahora. Lo importante es tener mucha variedad para poder sorprender a los rivales. Los futbolistas del Barça actual son muy competitivos con cualquier estrategia, aunque necesitan una base indiscutible: el balón es el protagonista. Ya se lo dijo Valero Rivera a Guardiola: “El Barça nos hace buenos a todos”. Siempre ha buscado un Barça impredecible, aunque no siempre se haya conseguido. Con estos jugadores el 3-4-3 funciona y el 4-3-3 y el 4-4-2 también. Sobre ese hay variaciones. Y con Guardiola también, aunque en ocasiones jugando Messi de falso nueve, sin un ariete por delante. Además ha conseguido que el rival ande un poco más perdido y no sepa cuál va a ser la estrategia que preparará en cada partido. En principio no es un sistema, es un recurso. Otorgar el mérito a un técnico por encima de los futbolistas acaba por resultar tóxico. El juego siempre ha sido de los jugadores, que necesitan un director de grupo capaz de estimularlos en una temporada larga, cada vez más larga. Si alguien lo reduce a personalismos, es por intereses. Ya lo dijo a su llegada. El mejor sistema es el que los jugadores creen, entienden y pueden llevar a cabo.