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El pueblo de las aguas

Los Pau, el Labio… Hace menos de tres meses, su hermano Simó murió en este barco, cuando una explosión accidental lanzó una esquirla que le seccionó la yugular. “Pero cuando llegamos ya no vimos nada: el barco se hundió en cuestión de segundos”, explicó nada más pisar tierra, con los mismos ojos húmedos que ayer tenían todos los pescadores, el pueblo de las aguas. Cada minuto que pasa, sin embargo, las posibilidades de encontrar con vida al resto de la tripulación se desvanecen un poco más. El puerto es un pueblo. Para Antoni Huguet, hijo, nieto y tataranieto de pescadores, miembro de una de las más conocidas dinastías de la Barceloneta, los Paus, tan antigua como los Ratats, iba a ser un día más. Antoni, que tiene cuatro hijos, se quedó dos barcos, El
Fairell y El Ferrosa. María es la hermana de José, el Labio, como todos lo conocen en los muelles. Le pasó hace algunos años al Galán, al que un mercante también embistió y destrozó la proa, aunque sin hundirlo. El Fairell, en el muelle de Pescadors, en una imagen de archivo
(Vicens Forner)

O habría que decir en el abordaje porque el mercante partió por la mitad El Fairell. Más misterioso resulta aún que nadie de la sala de mando del buque ruso, donde siempre tiene que haber alguien, viera al pesquero. “Parece que están muy lejos, pero te das la vuelta y lo tienes encima”. Y Pasqual, que tiene dos hijos, se quedó el Sant Pau. ¿Por qué no vieron acercarse al gigante? Entonces ocurrió todo. Es posible que Mfeddal, que también era el mecánico, fuera a buscar el caballo, la manguera que absorbe agua de mar y limpia las cajas de pescado. David, como todos sus compañeros, peinó el mar mientras hubo luz. Pero ayer no fue un día normal, como descubrió María Cervilla Blanco cuando poco después de las 16 horas descolgó el teléfono y al otro lado le dijeron que se había hundido el barco de su yerno, Ricard, a quien quiere como a un hijo porque se casó con su hija cuando eran unos críos. El barco se hundió en una sima de unos 170 metros de profundidad, en un lugar donde no pueden acceder ni los Geas de la Guardia Civil, los expertos del grupo especial de actividades subacuáticas. Es posible que el senegalés y el marroquí no llevaran el chaleco salvavidas, preceptivo, aunque pocos aguantan tantas horas de trabajo con esta incomodidad necesaria. El Sant Pau, el Ferrosa, donde navega Toni Huguet, hermano gemelo de uno de los supervivientes, el Francesc i Lluís, L’Òstia, el Mar Vella… A bordo iban cuatro personas: el patrón, Xavi Huguet, de 45 años, hijo del armador; el segundo, Ricard, de 50, el yerno de María; y dos marineros, los dos que permanecen desaparecidos: el marroquí Mfeddal
Sarghini, de 34, y el senegalés Cheikhou Mane, de 37, ambos casados y con hijos. Desayunó con sus cuatro amigos de toda la vida en un bar del barrio. Cuando se produjo la colisión, los propios tripulantes del navío rescataron a Xavi y Ricard, que poco después fueron trasladados a una embarcación de Salvamento Marítimo con la que desembarcaron camino de una revisión médica. Los pescadores aseguran que sus cuatro compañeros iban en el puente para distribuir la capturas en las cajas. Cuando se supo el hundimiento de
El Fairell, una decena de pesqueros, la totalidad de la flota de arrastre, se olvidaron de las redes y se fueron a buscar a los dos pescadores que desaparecieron en la colisión. Anoche, sin perder la esperanza, un primo de Cheikhou, también pescador, pero de Arenys, esperaba un milagro junto a la Torre del Rellotge. A las 20 horas, uno a uno, comenzaron a llegar todos los arrastreros, sin noticias de los dos marineros. Muchos patrones, incluso veteranos, reconocen que a veces la aparente lejanía de los buques les engaña. A las 17 horas ya estarían los tres de regreso en el puerto, a tiempo para la subasta en la lonja. Él y su hermano Pasqual son armadores de tres pesqueros de arrastre, que heredaron de su padre. El primer pesquero que llegó a la zona del accidente fue el Maireta IV, que pilota David Albiol y que desgraciadamente sabe lo dura que es esta vida. Sin chaleco y con los monos y las botas de goma, que se llenan de agua y las profundidades arrastran como un imán… Quizá navegaban con el piloto automático, confiados porque faltaba menos de una hora para llegar a puerto. Xavi y Ricard se encuentran bien, contusionados y aún asustados, pero tuvieron ánimos para llamar enseguida a sus familias y decirles que no se preocuparan, que pronto les darían el alta en la mutua a la que los trasladaron. En realidad ese es el nombre de su barco, que se llama así porque antes tuvo otro dueño que tenía el labio leporino. Todos tienen sobrenombre: Travolta, Viruta, Lagarto…