Home » Noticias » “Cuando pierdes a tu pareja, nadie puede decirte ‘estamos juntos en esto’. La soledad es absoluta”

“Cuando pierdes a tu pareja, nadie puede decirte ‘estamos juntos en esto’. La soledad es absoluta”

No hay solución. Imagínese lo que es convivir con la muerte lamiéndote la espalda y cuando al final de este túnel ni siquiera hay la débil luz que en casos similiares ofrece la estadística. Lo exploran. Lo ingresan. Póngase ahora en la situación de ser una joven casada siete meses atrás, embarazada desde hace seis y a cuyo marido, un día cualquiera, detectan un cáncer de estómago. Naturalmente, hablamos de perder a un ser querido. Lo plasmó en el libro que ahora mismo tengo en las manos, un conjunto de versos que cabrían cada uno en un post-it, y al que me aferro como un tesoro, como una receta de vida, no de muerte. Nico solo sabrá quién fue Charlie y lo que mamá llegó a sentir por él cuando sea capaz de leer No te acabes nunca (Espasa), la pequeña y gigantesca obra que ha ilustrado Paula Bonet. En este caso sabes que solo existe un destino posible. La periodista María Leach (Barcelona, 1979) pasó por todo ello. Trate de recrear el dolor más grande que pueda concebir. De la vida más intensa que pueda concebirse en poco más de un año: casarse, ver nacer a tu hijo y despedir a su padre –cada día, provisional y definitivamente, por ese orden– sin que el bebé llegue a conocerlo realmente nunca.

No afrontarlo. Y escribirlo. La soledad es absoluta. La gente te trata con cariño, con compasión, pero tú lo único que quieres es no hablar del tema. Es muy lento el proceso de resignarse y aceptarlo. De hecho, el libro es una carta a Charlie, porque era mi pareja, mi amor, mi amigo y estaba acostumbrada a contarle todo lo que me pasaba. Al morir Charlie me trasladé con el niño a vivir con mi madre. ¿Poesía contra el duelo sería un buen título para tu trabajo? Lo convertí en una rutina. Si pierdes a un hijo, tienes a tu pareja que siente lo mismo que tú pero cuando pierdes a tu pareja, nadie puede decirte “estamos juntos en esto”. Yo quería ponerme en marcha cuanto antes, me había dado cuenta de lo efímera que es la vida y no quería perder ni un minuto, quería actuar con mucha prisa contra el duelo y que me doliese el menor tiempo posible. Si un libro puede provocar eso, conseguir que se puedan asomar a mi vida durante dos años y que les ayude también a conectar con sus propias emociones, es sin duda un halago. La mente no me dejaba creerme lo que había ocurrido; durante el día actuaba como si nada. Lloro ahora mucho más que antes. Cuando me presenté en la consulta de la psicóloga tres días después de la muerte de mi marido me dijo que volviese en quince días porque todavía estaba en shock. Me halaga en tanto que significa que he conectado con las emociones del lector. Porque llorar sería asumir lo que te ha pasado. Sin ánimo de comparar pero imagínate: si pierdes a un padre, te refugias en tus hermanos. Cada noche, cuando acostaba a mi hijo, me iba a mi piso y escribía lo que había sentido ese día. ¿Cómo fueron esos días? Me preguntó qué me gustaba hacer y contesté que escribir, así que me recomendó que lo hiciese cada día para ir sacando lo que sentía. Esto es precioso pero durísimo a la vez. Es poesía que comienza siendo terapéutica. Un libro de 150 páginas cuyo contenido conecta con cualquier lector al instante. ¿Cómo es eso? Ahora ya puedo llorar, porque lo he asumido. Pero tienes que afrontarlo, si no, en unos años puede brotar una fuerte depresión. Era una manera de consolarme y sigo esa costumbre hasta que asumo que ya no está. Quince días para comenzar me parecieron una eternidad. “Murió la única persona que habría podido consolarme de un trance así”. El duelo no significa llorar horas y luego descansar; el duelo suelta el dolor a pequeñas dosis, como si pudieses llorar unas pocas lágrimas cada día. (Otras fuentes)

¿Te halaga cuando te dicen que han llorado leyendo tu libro? Cada noche ese era mi ratito para pensar en qué había pasado.

“En muchos poemas digo que sigo enamorada de Charlie pero ahora es como cuando amas a alguien y esta persona no quiere estar contigo. Yo tuve que aceptar las calabazas de la muerte”

Periodista y escritora

Estaba recién casada, embarazada de seis meses y tenía un futuro proyectado. Me hubiese acompañado a todas las presentaciones y en la de Donosti se hubiese ido de pinchos. La ventaja es que desde pequeñito habrá oído hablar de la muerte y la aceptará menos traumáticamente que nosotros. Estos son los lugares donde María estará firmando su libro en la diada de Sant Jordi. Gracias o a pesar del cáncer yo tuve tiempo para despedirme de Charlie. ¿Cómo lo está conociendo? Como si fuese una película. He pasado de no hablarlo con nadie a abrirme en canal. Sigo de duelo aunque en otra fase y el libro me está ayudando; tiene un efecto liberador explicarlo. Nos dimos cuenta de la importancia del tiempo presente. Cummings hablándole a mi futuro hijo. ¿Se pueden encontrar rasgos positivos en algo así? ¿Qué le explicas a Nico de su padre? Esto lo consulté con una psicóloga infantil: le expliqué desde el principio como un cuento, que su padre estaba cuando él nació, que se puso enfermo, que no lo pudieron curar y que murió, como se había muerto mi padre o el abuelo. La poesía siempre debe llevar verdad, al menos si quieres llegar al lector. La muerte es un tema tabú que la gente no sabe cómo tratar. En las primeras visitas con la psicóloga me dijo que el duelo comenzó en el momento en que supe que iba a morir. Tenía cáncer. Entre los invitados, asistieron diez artistas: cada uno de ellos había realizado una interpretación propia de lo que sintió al leer ‘No te acabes nunca’

¿Cuánto tiempo tarda una en no sentirse culpable para volver a amar? Esta es una buena pregunta porque durante el duelo tienes la sensación de que no te mereces ser feliz. Tenía una parte avanzada. Se me ocurrió un poema que publiqué en mi blog, una versión de uno de E. La relativización era absoluta. ¿Por qué decidiste enfrentarte al duelo? ¿sabré cambiar un pañal?… Para que no sienta que solo le ha pasado a él. Seguro que has pensado en lo orgulloso que estaría de ti si pudiera leerte. También significa que lo veo con más distancia y lo tengo más asumido. El último día, estaba embarazada con bastante panza y caminaba hacia el trabajo. Pues yo tuve que aceptar las calabazas de la muerte. (Xavier Cervera)

¿Cuándo fue el último día de tu anterior vida? Orgulloso y encantado. Puede decirse que viviste en un año más que en toda la vida que llevabas hasta entonces. Síiiiii. Lo vimos muy claro. (Facebook) ¿No era doloroso mantenerlo vivo durante ese proceso? Solo cuando me curé de eso pude sentirme preparada para volver a amar. María presentó su poemario esta misma semana en el espacio Movimiento en Blanco, un lugar de reunión creado en el barrio de Gràcia por la interiorista Bárbara Aurell. Mi sueño era publicar un libro. Por ejemplo, vivimos el nacimiento del niño muy intensamente; en otras circunstancias yo habría estado preocupada por la baja, el retorno a trabajar, ¿seré buena madre? Estuve muy tentada de cogerlo pero la psicóloga me dijo: “Necesitas un trabajo que te permita llevar otro a cabo, mucho más importante ahora mismo: enfrentar el duelo”. Ese día ingresaron a Charlie y tres días después nos dieron el diagnóstico. (Duda) Buena pregunta. Sí, totalmente. Una vez que está en el libro es como si ya no me perteneciera del todo. Todo eso me importó un pimiento y me dediqué a mi hijo sin todo el miedo que tenía antes. Estoy muy contenta. Con total naturalidad. Tardé un tiempo en aceptar que aquello era definitivo. Es que para mí no había muerto. Si hubiese hecho eso, habría salido después. Es un mecanismo psicológico, la negación; solo quien lo ha sentido lo entiende. De duelo se está siempre pero poco a poco se va normalizando; solamente, de tanto en tanto, viene a hacerte una visita. Me refiero a comenzar una novela, dos, una trilogía, y publicarlas. Hace poco, hablando con David Trueba [fue quien presentó su libro en Madrid] recordé cuando nos dieron el diagnóstico; Charlie y yo caímos en lo absurda que era la ambición laboral. Dejé de tener ambición y solo fui constante escribiendo. El libro lo veo ahora más como terapia que como desnudo. No fue una muerte repentina y pude decirle un millón de veces cuánto lo amaba. Dije que no por primera vez a un empleo buenísimo. Escribir te salvó. No sé cuándo se produce ese clic exactamente; yo comencé a notarlo a partir de los dos años. Para mí el cáncer fue una época muy dura pero también feliz. Ese fue el último día de mi anterior vida, aquel en que no me preocupaba nada. Y bien, gracias al libro he descubierto que tengo un estilo poético que puede llegar a más gente y contribuir a que la poesía sea universal. E. María Leach y Paula Bonet, escritora e ilustradora, durante la presentación de ‘No te acabes nunca’ el pasado mes de febrero en la Casa del Llibre de Rambla de Catalunya. ¿Cómo decidiste que desnudarte de esta manera ya no te daba vergüenza? tuve que aceptar unas calabazas, como cuando amas a alguien y esta persona no quiere estar contigo. Yo en muchos poemas digo que sigo enamorada de él. Si te lo pasas bien te sientes culpable; lo que han llamado “la culpabilidad del superviviente”. ¿Cuánto se tarda en poder volver a amar a otra persona? Sientes muchas tentaciones pero tuve una buena psicóloga. Se lo habría pasado muy bien (sonríe). Poco después de morir Charlie me ofrecieron un magnífico empleo en una editorial que hasta tenía guardería. Trueba me dijo: cuando se acaba la ambición, llega el éxito. ¿Vas a dedicarte a ello como profesión exclusiva? Dices que hubiese sido más fácil dar la espalda al dolor, extirpar a Charlie y continuar tu vida justo en el día anterior a conocerlo. En el primer aniversario de su muerte, la gente ponía en Facebook lo mucho que lo echaban de menos y yo me rebelaba, mi mente no lo había asumido. No lo sé. Un verso dice por fin “Tu muerte ha dejado de ser provisional”. E hice lo correcto.

María Leach

El libro es una carta a Charlie, porque era mi pareja, mi amor, mi amigo y estaba acostumbrada a contarle todo lo que me pasaba”

Periodista y escritora
María Leach