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Los cinco días que dinamitaron a CiU

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| Actualizado a 14/06/2020 13:28

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Fueron cinco días en los que la fractura se fue cocinando a fuego lento hasta desembocar en lo inevitable: el divorcio de un matrimonio malavenido que, esta vez sí, hacía realidad la sempiterna amenaza de romper. El 18 de junio del 2015, ahora hará cinco años, también era jueves. La separación empezó a cuajarse, no obstante, tal día como hoy, el domingo 14, una vez conocido el resultado de la consulta interna de UDC que en la práctica rechazaba la hoja de ruta hacia la independencia, que CDC acordaba con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) para las elecciones del 27-S, y establecía un camino propio. Es la fecha oficial de la ruptura de Convergència i Unió (CiU) después de casi treinta y siete años de vida en común entre Convergència Democràtica de Catalunya (CDC) y Unió Democràtica de Catalunya (UDC).
La ruptura de la federación cumple cinco años sin que nadie haya sido capaz todavía de ocupar el mismo espacio político

Las caras de Josep Antoni Duran Lleida, Ramon Espadaler y Artur Mas hablaban por si solas (Mané Espinosa / ARCHIVO) La última reunión.La reunión del comité ejecutivo de CiU del 25 de mayo del 2015, el día después de perder la alcaldía de Barcelona, acabó siendo la última.

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De tal manera que lo que muchos habían pronosticado que pasaría, pero que pocos creían que sucediera, acabó ocurriendo: la fractura de CiU. Lejos quedaban el 19 de septiembre del 1978 en que CDC y UDC decidieron unir sus destinos como coalición y el 2 de diciembre del 2001 en que optaron por constituirse en federación y cinco días bastaban, aunque detrás había la herida profunda de años de desencuentros, para acabar con un instrumento político que a la hora de la verdad se mostró mucho más frágil de lo que aparentaba. Y no solo se rompió CiU, sino que la onda expansiva fue tan fuerte que hizo añicos todo lo que se encontró por delante: el 2016 CDC, fundada el 1974 y que ahora se encamina a la extinción a través de un concurso de acreedores, se transformó en una nueva marca –el PDECat– que nunca ha dado los resultados esperados por sus promotores y a la que aún se está buscando alternativa y el 2017 UDC, fundada el 1931, sencillamente desapareció.

UDC intentaba de este modo dilatar lo inevitable y devolvía la pelota al tejado de CDC, que no tenía intención de quedársela y preparaba la respuesta definitiva. A la cúpula de UDC el tiro le salió por la culata: ganó la consulta del domingo 14, pero por un resultado tan exiguo –1.333 votos (50,3%) frente a 1.238 (46,7%)– que evidenciaba que el partido estaba fracturado, y en lugar de buscar una salida consensuada con la mitad que sí era independentista se enrocó en su pírrico triunfo y quedó en situación de extrema debilidad para entablar cualquier negociación con CDC. Las reuniones prosiguieron el miércoles 17 y UDC contestó al ultimátum de CDC con el anuncio de la salida de sus tres consellers del Govern, pero con la precisión pública de que no rompía la federación, a pesar de que el sentido de los encuentros de las horas anteriores había sido el contrario. Una condición que todas las partes sabían que era imposible de aceptar y que, en consecuencia, dejaba la puerta abierta de par en par a la ruptura, de la que ninguno de los socios, en todo caso, quería acarrear con las culpas. Por eso el martes 16 fue un día de cierta espera, con reuniones entre los dos bandos que constataron que no había salida al problema de convivencia política. De hecho, la réplica de CDC el lunes 15 fue un ultimátum a UDC para que cerrara filas con el programa independentista previsto para el 27-S si quería que las dos formaciones continuaran concurriendo como CiU a las elecciones.

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Con estos postulados cada vez más divergentes, el choque era inevitable, y llegó cuando, a diferencia del 9-N, no quedó más remedio que definirse sin ambigüedades, con un sí o con un no, sobre el programa de una candidatura unitaria –que acabaría siendo Junts pel Sí (JxSí)– que tendría la independencia de Catalunya como objetivo. CDC hacía tiempo que tenía decidido el sí y UDC nunca había pensado moverse del no. La diferencia fue que la dirección de UDC, al contrario que la de CDC, tenía necesidad de consultar su postura a la militancia para reafirmar que era ampliamente mayoritaria dentro de la formación. CDC había ido girando hacia posiciones independentistas desde el 2012, por razones puramente tacticistas para no verse sobrepasada y desbordada por la creciente movilización ciudadana en favor de la independencia que ocupaba la calle de la mano de una entonces desconocida Assemblea Nacional Catalana (ANC). Y aquí se encendió la mecha que dinamitaría CiU en cuestión de horas. UDC, en cambio, no se había movido de su tradicional y fundacional concepción confederal del Estado español y siempre había dejado claro a quien quería escucharla que no era independentista.

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Y CDC confirmará en breve también su extinción. UDC protagonizó una escisión, de la que surgió Demòcrates de Catalunya, antes de desaparecer. Lo que vendría a continuación fue el declive de unos y otros. Artur Mas, todavía presidente de la Generalitat, fue el primero en dar carta de naturaleza a la fractura, desde el Parlament (aquel día coincidía que había pleno): “La separación es por un tema muy de fondo”. La consecuencia inmediata fue que los hasta entonces socios concurrirían por separado a la cita electoral del 27-S. Pero que lo harían con ánimos muy distintos: CDC parecía aliviada con la separación y la sensación era la de haberse quitado un peso de encima, mientras que la imagen que transmitía UDC era justamente la contraria, la de que el cielo se le había venido encima. Entretanto, los supervivientes de uno y otro lado intentan aún hoy, cinco años después, recomponer el legado que muchos no aciertan a comprender cómo se ha dejado escapar, pero la cruda realidad es que hasta ahora nadie ha sido capaz de ocupar el mismo espacio político. El viernes 19 Josep Antoni Duran Lleida se reunió con Artur Mas en el Palau de la Generalitat para certificar la defunción de CiU y que, no obstante, la separación sería amistosa y desearse suerte “para todo en la vida”. Y Josep Rull, coordinador general de CDC, remachó desde la sede del partido: “El proyecto político de CiU se ha acabado”. Y el jueves 18 llegó el punto final.

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