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La computación baja de la nube a la niebla

La rápida administración de estos datos —no desde la nube, sino a través de la niebla— ayudan a tomar decisiones óptimas sobre rutas, plazos, descansos, etc. En el supuesto de la logística, uno de los sectores más citados por los expertos, los sensores característicos del internet de las cosas facilitarían detalles sobre la localización de los camiones, el estado de su carga, las condiciones de los conductores… Sin embargo, la obligación de gestionarlo en tiempo real sobrepasa la capacidad de estas redes. Por lo tanto, concluye este profesional de prestigio, antes de un planteamiento de este alcance, hay que conocer profundamente lo que hace y lo que necesita la compañía o la entidad en cuestión. Hasta hace poco, el modelo convencional para guardar y analizar toda esta información estaba siendo trasladar el material a la nube. La solución es acercar los datos a quienes los solicitan, como hace el fog computing. Sin ir más lejos, el popular servicio de transporte privado Uber ha adoptado esta misma fórmula de trabajo, como explica el doctor Rajarshi Sanyal, de BICS (Bélgica), en un libro colectivo editado recientemente por River Publishers. Carl Lehmann matiza que el riesgo en estas ocasiones radica en desarrollar respuestas de este tipo sin que de verdad existan “las tensiones” que las justificarían.

Los autores de un informe de la International Data Corporation (IDC) prevén que 25.000 millones de objetos activos estarán conectados en 2020. Como agregan los técnicos de Frost&Sullivan en otra investigación, es probable que en 2020 cada ciudadano tenga un promedio superior a los cinco dispositivos online. Para entonces, más de la mitad de los negocios habrán incorporado elementos del internet de las cosas, aclaran los consultores de Gartner. Desde que los ingenieros de Cisco Systems promovieron este concepto, su extensión ha sido masiva. Pues bien, se ha acuñado un nuevo término —fog computing, es decir, computación en la niebla— para referirse al procesamiento de información y a las aplicaciones tecnológicas que se dan en el espacio virtual que queda entre internet y el hardware. Podría entenderse que la niebla baja al nivel del suelo las acciones que antes se llevaban a cabo exclusivamente en la nube. Este fenómeno se alimenta y a la vez genera un gran volumen de datos (big data), cuyo crecimiento no se detiene y tiende a concentrarse en la nube (cloud computing). Ello, según especialistas como Carl Lehmann, de la compañía 451 Research, beneficia a usuarios de lo más variados: del director de un hospital a una familia que resida en un hogar inteligente, pasando por empresarios o gobernantes locales, regionales e internacionales. En cinco años, la cantidad de wearables —prendas o complementos inteligentes que pueden ponerse sus usuarios— pasará de los los 78 millones de 2015 a los 215 millones de 2019, de acuerdo con un segundo estudio de IDC. De modo que el fog computing se mueve más cerca de los dispositivos que recogen los datos que el cloud computing. El denominado “internet de las cosas”, esto es, la conexión a la web de objetos —vehículos, maquinaria, electrodomésticos, ropa, juguetes…— y la intercomunicación entre sí para automatizar labores y añadirles valor, está expandiendo enormemente la red.

Prácticamente seis de cada diez organizaciones están buscando personal con experiencia en la computación en la nube
Se prevé que más de la mitad de los negocios habrán incorporado elementos del internet de las cosas en un par de años

En los dos últimos cursos se ha generado un volumen de información mayor que el producido en toda la historia anterior
Según la firma Steadfast, el gobierno federal de Estados Unidos ha dejado de invertir más de 5.000 millones por este motivo. Una razón clara es que, para las pequeñas y medianas empresas, el cloud computing puede llegar a resultar 40 veces más económico que sus propios sistemas o métodos. Así se explica que prácticamente seis de cada diez organizaciones estén buscando personal con experiencia en este campo, como ha revelado la directiva de VMware Supriya Menon. Por ello, los presupuestos para estas partidas crecen sin pausa. A mayor escala, el ahorro se dispara. El 94% de los responsables de tecnología que han participado en un estudio del Content Marketing Institute indican que la seguridad de sus negocios se ha incrementado tras la adopción de aplicaciones de cloud computing; los gerentes de tres de cada cuatro corporaciones consideran que sus respectivas dinámicas han mejorado igualmente desde que están en la nube. Como publicó el portal Beta News, el 7% de los datos se almacenaban de esta manera en 2013; ahora, esta magnitud es del 36%, o sea, se ha quintuplicado.

Niebla sobre Seattle (KingWu / Getty Images)

Poner los datos cerca de quienes los van a necesitar, antes de que los necesiten, dará más estabilidad al sistema

Las predicciones del fabricante Dell y de IDC son que cada persona podrá crear por segundo 1,7 megabytes en un par de años, de modo que, globalmente, habrá 44 zettabytes (44 billones de gigas) en el planeta; en la actualidad, la cifra es de 4,4 zettabytes. Y sólo cinco temporadas después, esta transformación permitiría ahorrar hasta 10 billones de euros, por una mayor eficiencia en la administración, los transportes, la energía, la relación de las empresas con sus clientes, la ciencia, la sanidad, la educación y un largo etcétera que se concreta en la web de McKinseny&Company. De hecho, las autoridades de Barcelona calculan que estas medidas propician que no se gasten aproximadamente 50 millones por ejercicio en agua y electricidad, como puede leerse en un documento de la universidad norteamericana de Harvard. Este gigante de la industria digital emplea a diario la llamada “distribución informática”, que consiste en utilizar numerosos ordenadores vinculados en la nube para sus tareas, por ejemplo, relacionando un millar de computadoras para atender los requerimientos de un usuario en menos de 0,2 segundos. Unas 40.000 búsquedas son tecleadas en Google en un segundo. En los dos últimos cursos se han producido más datos que en el resto de la historia.