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La complicada relación entre la moda y Wimbledon

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Pero el ingenio de las marcas comerciales y de sus responsables de marketing no se detuvo. El primer gran escándalo, de dimensiones que acabaron incluso en un tenso debate en el Parlamento, se produjo en 1949, cuando la estadounidense Gussie Moran se presentó en Wimbledon con una falda muy corta que dejaba a la vista unas bragas adornadas con finos encajes. Ganó su primer Wimbledon a Blanche Bingley, una dama de la que se decía que jamás tocaba el pescado con el cuchillo, ni la pelota con las manos desnudas, por lo que jugaba con guantes de percal. Los calentadores que utilizó André Agassi y la irrupción de un jovencito mallorquín llamado Rafael Nadal luciendo unos pantalones piratas, han sido los puntos álgidos. Wimbledon es y será un escaparate abierto al mundo y, como ya es sabido, la moda ama los mejores escaparates. Los sensacionalistas tabloides británicos, líderes en ventas, explotaron el fenómeno Gussie Moran y lo ampliaron a cualquier tenista que quisiera seguir haciéndose notar por su belleza y atrevimiento. El tiempo hace pasar el amor.’ En 1958, Fageros jugó en Roland Garros con pantalones dorados. También en 1931, la francesa Rosie Berthet fue la primera saltar a la pista central con gafas y, en 1934, la británica Eileen Fearnley Whittingstall la primera en vestir pantalón corto en la central. Tras la II Guerra Mundial, el tenis volvió a la Catedral con los mismos parámetros de moda corta reivindicada en los años 30, aunque no utilizada de forma unánime por los tenistas. El mono de Anne ‘Catwoman’ White (1985), los calentadores de André Agassi y la gabardina de Serena Williams en Wimbledon 2008

En el terreno masculino, las novedades de la moda han sido escasas desde entonces. Con apenas 15 años, y al estar en edad escolar, Lottie fue autorizada a jugar con un vestido más corto y sin sombrero, con una simple gorra. Sin normas en sus orígenes, las damas utilizaban sombrero y largos vestidos cerrados hasta la garganta, mientras que las camisas almidonadas y pantalones largos eran el atuendo más elegido por los caballeros, aunque Harold Mahoney se presentó en 1896 con calcetines de distintos colores. En 1985, la estadounidense Anne White apareció con un ajustado mono blanco y se ganó el apodo de Catwoman. Tatiana Golovin desafió a las normas en 2007 luciendo unos pantys rojos por debajo de un inmaculado vestido blanco y en 2008, Maria Sharapova jugó con un vestido imitando un smoking, Serena Williams saltó a la pista con una gabardina propia del Inspector Gadget, y su hermana Venus con un vestido de su propio diseño difícil de clasificar. Wimbledon cerró los ojos a cualquier polémica con la federación estadounidense, y permitió el vestido más corto de May que pronto fue imitado por el resto de jugadoras. La falda corta de Gussie Moran que le costó muchísimas críticas en Wimbledon en 1949

La conservadora sociedad del All England Club acusó a Moran de traer “la vulgaridad y el pecado al tenis”, y el presidente del club la acusó de “haber desviado la atención del torneo hacia la sexualidad”. Ese año, los recogepelotas usaron por vez primera el pantalón corto. Los pantalones pirata de Rafa Nadal en Wimbledon 2008

El espectacular boom social del tenis en los 70, al amparo de la televisión, trajo aún mayor repercusión al entrar de lleno las marcas comerciales de ropa deportiva y sus diseñadores. Tinling fue despedido y no volvió a ser invitado por el club hasta 33 años después. Las Sutton dominaban el tenis en los Estados Unidos de tal forma que se hizo popular la frase: “para ganar a una Sutton, se necesita una Sutton”. La siguiente fue la estadounidense Karol Fageros, que viajaba por el circuito con un bolso en el que, junto a la imagen de un cupido atravesado por la aguja de un reloj, podía leerse: ‘El amor hace pasar el tiempo. En sus memorias Tinling confiesa que “Gussie sólo buscaba un vestido bonito y que fuera cómodo para moverse”, y que nunca pensó en convertirse en una especie de sex symbol. También la manga corta empezó a imponerse en las vestimentas masculinas. En 1931, la británica Joan Lycett fue la primera mujer en jugar en la central sin utilizar medias, justo en la misma edición en el que la española Lilí Álvarez rompió la norma e introdujo en el All England Club la falda-pantalón. Quien más castigo recibió fue Tedd Tinling, el modista que le diseñó el vestido y que llevaba 23 años como jefe de protocolo en Wimbledon. En 2002, en pleno boom Anna Kournikova, la rusa saltó a la pista con un crop top de escote asimétrico. Pero, sin duda alguna, el atuendo más asombroso fue la chaqueta inspirada en Lady Gaga con la que Bethanie Mattek se presentó en 2011. En 1887, Lottie Dod fue la primera mujer en obtener beneficio de un atuendo más propio de una deportista. En 1930, en la pista 10, el británico Brame Hyllyard fue el primero en jugar en el torneo de Wimbledon con pantalón corto. Pero, de alguna manera, Wimbledon había ya protegido su “moralidad” con normas muy estrictas y con el “predominantemente blanco” obligatorio. Wimbledon y la moda han sido un matrimonio con una relación complicada a través de los años. La primera tenista en presentarse en Wimbledon con un vestido más corto, casi un palmo por encima de los tobillos, fue May Sutton, la campeona en 1905 y 1907, una británica criada en California junto a sus hermanas Ethel, Florence y Violet. Intentó utilizarlos en Wimbledon, pero se lo prohibieron. En 1930
Brame Hyllyard fue el primer hombre en jugar en pantalón corto en Wimbledon

Todo se aceleró al término de los felices 20. Tres años después, el también británico Bunny Austin fue el primero en usar el pantalón corto en la pista central.
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