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Cerebro y testículos, lo que distingue a neandertales y Homo sapiens

Y concluyeron que alrededor de un 25% de la genética heredada de los susodichos parientes lejanos tiene ese poder en gran parte de nuestros tejidos corporales. Una hipótesis que viene apoyada por algunas de las observaciones concretas que hicieron. Esto es lo que más sorprendió a los investigadores, según relata a Big Vang el primer autor del trabajo, el doctor Rajiv McCoy: “Son tejidos interesantes evolutivamente”, subraya por correo electrónico desde la Universidad de Washington en Seattle. Pero, ¿hasta qué a punto sus genes condicionan hoy en día nuestros rasgos o nuestra susceptibilidad a enfermedades? Sin embargo, la influencia neandertal está especialmente limitada en varias regiones del cerebro y en los testículos. Mc Coy y sus compañeros proponen que la selección natural habría propiciado que en estos dos tejidos la herencia neandertal quede relegada a un papel menos que secundario. En cuanto a los testículos, se observó por ejemplo una baja influencia neandertal en un gen que produce una proteína que forma parte de los espermatozoides. El apareamiento de nuestros ancestros Homo sapiens con neandertales hace decenas de miles de años todavía se refleja en nuestro ADN, que contiene aproximadamente un 2% de secuencias procedentes íntegramente de los segundos. Investigadores norteamericanos se propusieron responder a esta cuestión mediante el más amplio estudio llevado a cabo hasta la fecha sobre la influencia de las secuencias genéticas neandertales a la hora de apagar o encender genes en las mujeres y hombres de hoy en día. Ilustración facilitada por los autores del estudio que muestra cómo las secuencias de neandertales llegaron al ADN de los humanos modernos y afectan a nuestros rasgos
(McCoy et al./Cell 2017)

Por ejemplo, en el caso del cerebro los investigadores observaron una muy baja influencia neandertal en regiones como el cerebelo o en la actividad de un gen que se ha relacionado con depresión, autismo, trastorno obsesivo-compulsivo o incluso dependencia de la nicotina cuando ha experimentado cambios respecto a su variante habitual en los humanos modernos.
Los autores estudiaron la influencia neandertal analizando secuencias de ARN

Alrededor de un 25% de la herencia genética neandertal influyen en la expresión génica de los humanos modernos

“Me parece lógico que, en estos dos tejidos clave, quede reprimida la expresión de los genes neandertales”, comenta por su parte el paleogenetista Carles Lalueza-Fox, profesor en el Institut de Biologia Evolutiva (UPF-CSIC) de Barcelona, consultado por Big Vang. Asimismo, ratifican que podemos estar en parte agradecidos a esos parientes lejanos. “Hay algunos ejemplos de genes heredados que aumentan la supervivencia o el éxito reproductivo de los humanos modernos”, explica McCoy. Lalueza-Fox, que no ha participado en el estudio, es coautor de una investigación que hace un año reveló repetidos apareamientos entre Homo sapiens y neandertales. “Sabemos que los individuos híbridos suelen ser menos fértiles, por lo que, por ejemplo, reproductivamente es lógico que se reprimiera la expresión de los genes neandertales en los testículos”, resalta. Influencia perjudicial, influencia beneficiosa

Más allá del cerebro y de los testículos, los resultados de la investigación confirman lo que trabajos previos habían sugerido respecto a la relación de la herencia neandertal con rasgos como la altura pero también con el riesgo de esquizofrenia o de lupus. “Un ejemplo son unos genes que son componentes clave de nuestro sistema inmune innato”, ilustra.

Esto les llevó a entender de qué forma el ADN neandertal influencia la expresión génica de los hombres y mujeres de hoy. “Hace tiempo que pensamos que es evidente que las diferencias entre humanos modernos y neandertales, como las de otras parejas emparentadas de la naturaleza, no están restringidas solo a la presencia de secuencias genéticas diferentes, sino que dependen del efecto de estas secuencias en la forma como se encienden o apagan otros genes. La clave, buscar en el ARN

Los resultados del estudio se publican esta semana en la revista científica Cell. Pero, si bien se conserva ADN de los fósiles de neandertales, no es posible disponer de su ARN porque se degrada rápido. Nuevos pasos

Con el mismo método los autores prevén ir más allá e investigar, por ejemplo, si los genes de los denisovanos, una población emparentada con los neandertales que también se apareó con los sapiens, contribuyen a la expresión génica en algunos humanos modernos. Y este es un nuevo paso”, subraya en este sentido Lalueza-Fox. Para llevarlo a cabo, los investigadores se fijaron en el ARN, otra parte esencial de nuestra maquinaria genética, que refleja qué genes del ADN se encienden y apagan en cada persona y cómo lo hacen. Dicho de otra forma, refleja lo que llamamos expresión génica. Por ello idearon un método estadístico que les permitió cruzar bases de datos de ARN procedente de 52 tejidos corporales de 214 humanos modernos con la información existente sobre el ADN neandertal heredado. Además, el método podrá utilizarse para buscar diferencias entre variantes de un mismo gen en los humanos modernos, avanza McCoy.